Saira Montecinos
Saira Montecinos
Saira Montecinos
Iris Yesenia
Iris Yesenia
Iris Yesenia
Patricia Samayoa
Patricia Samayoa
Patricia Samayoa
Florence Denefle
Florence Denefle
Florence Denefle
Dora Alicia
Dora Alicia
María de Jesús
María de Jesús
María de Jesús
Familia Franco
Familia Franco
Familia Franco
Sanra Culajai Tuquer
Sanra Culajai Tuquer
Velvet Medeli
Velvet Medeli
Velvet Medeli
Velvet Medeli
Flor de María
Flor de María
Kenia Cordón
Karen Lisette
Karen Lisette
Mindy
Mindy

presencia

No quiero ponerme en los zapatos del otro
Quiero ponerme en los vestidos de las otras.

Patricia, Saira, María de Jesús, Cindy, Sandra, Carmen, Ruth, Mindi, Florence, Kenia, Velvet, Flor de María, Karen. Todas ellas con un proyecto de vida, familia, trabajo, sueños.  Todas ellas fueron silenciadas, arrebatadas de las formas más violentas de esta tierra. Todas ellas fueron asesinadas en Guatemala.

Cientos de mujeres mueren cada día de manera violenta alrededor del mundo, decenas de ellas mueren en Guatemala. Según cifras del INACIF y Fundación Sobrevivientes, en un período de 5 años, en Guatemala se reportaron 3 mil 585 casos de mujeres asesinadas. Muchos de estos crímenes son cometidos por parejas o ex parejas.  La mayoría de estos casos permanecen en la impunidad.

Presencia fue un proyecto performático durante el cual utilicé durante trece días, los vestidos de trece mujeres asesinadas en Guatemala.  Permanecí parada cada día, durante dos horas, invocando su presencia.


Historias

Saira Cristina Montecinos Reyes
Saira dejó 6 hijas, Estefany, Jocelyn, Melanie, Ilsa Yhael, Priscila y Aranza,  Era una mujer divertida, llena de energía y hermosa, era una mujer empoderada. Cuando sus amigos les preguntaban a ella y a su marido sino tenían tele, ella se adelantaba y respondía que sí, pero que tenían el  venus. Un día Saira apareció muerta, tenía 36 años. La encontraron en un río de aguas sucias, había sufrido violencia sexual y la desfiguraron a pedradas. Sus hijas no pudieron verla. La noticia en el periódico llevaba el titular “mujer lapidada es encontrada en riachuelo”  Saira se había separado de su esposo Juan Carlos y posterior a eso entró en una nueva relación con otro individuo.  Una relación violenta. Esta persona, su nuevo compañero fue sospechoso de su muerte. El caso quedó en la impunidad.

Iris Yesenia Paredes
Iris era una mujer arrecha, grandota, elegante; lo que tenía de guapa lo tenía de trabajadora. Hacía magia para ganarse sus centavos. Cuidaba carros, vendía comida, lapiceros, trapitos y hasta a la iglesia iba. Tenía un gran corazón. Su único pecado era que le gustaba oler pegamento.
Cuando ella olía, se olvidaba de quién era y muchas cosas le pasaban. De sus seis hijos, tres fueron resultado de una violación. Los cinco más grandes se quedaron con la abuela, el último, el más pequeño desapareció. El día que la secuestraron se la llevaron con el bebé y solo ella apareció.
Los vecinos de la zona 5 contaron que la escucharon gritar durante toda la noche pero nadie hizo nada. Su cuerpo fue apareciendo poco a poco. Las piernas por acá, los brazos por allá, la cabeza a saber dónde. La policía tuvo acceso al cuarto de la casa donde la tuvieron encerrada y hasta el machete con el que la despedazaron encontraron pero no hicieron nada.
El crimen lo cometieron unos patojos de la five, de la MS. Como vivían en el mismo barrio, Yesenia los había visto crecer y había visto cómo se iban convirtiendo en los delincuentes que eran. Un día los enfrentó. Ella había olido pegamento y cuando olía pegamento no medía lo que hacía. Al parecer, estos jóvenes pandilleros habían cometido un crimen y al verse descubiertos por ella se vengaron. La muerte de Yesenia quedó en la impunidad.

Paty (Patricia Samayoa)
Paty era una mujer imparable.  Feminista, gestora cultural, comprometida socialmente. Venía desarrollando proyectos para mujeres y jóvenes viviendo en zonas de alto riesgo desde hacía años atrás. Llevó el arte a zonas donde reinaba la violencia. Dejó una hija, Andrea. Paty murió inesperadamente por el disparo de un guardia de seguridad privado, en el interior de una farmacia.  Unos minutos antes de su muerte habló por teléfono con su hija y ella le pidió guardar el celular porque era peligroso mostrarlo en la calle.  Ninguna de las dos podía sospechar que la muerte estaba a la vuelta de la esquina.  El hombre que le disparó tiene una enfermedad mental y antecedentes penales por asesinato. Aún así estaba trabajando como policía de seguridad y tenía un arma bajo su control.          
Andrea se encuentra ahora en un proceso penal contra el Estado por no preservar la seguridad en el país y contra la empresa de seguridad por no cumplir las leyes.

Florence Denèfle
Florence era una mujer con una gran sensibilidad, especial. Había dejado su país Francia para llegar a Guatemala y se desempeñaba como maestra en el colegio Julio Verne.  Llegó y se quedó, quizás por amor.  Con el tiempo, su buen humor y alegría empezaron a ser sustituidos por la ansiedad que le provocaban las constantes llamadas de su novio guatemalteco. De acuerdo con su compañera de casa, Florence recibía una llamada de su compañero cada tres minutos, hasta 20 veces por hora.  Ring Ring todo el tiempo.  Ring Ring el control.  Ring Ring el acoso. Poco a poco la situación se volvió más y más tensa. Florence estaba enamorada pero entendió que era una relación tóxica y compró un pasaje para volver a casa.  Un día antes de su viaje, un día antes de dejar Guatemala y volver a Francia, con sus amigos, con su familia, Florence murió.
El cuerpo de Florence Denefle fue hallado en un camino de tierra el 25 de marzo del 2010 cerca de la aldea Agua Tibio, municipio de San José Pinula, a 17 km de su casa, de su lugar seguro. No mostraba signos de violencia y su muerte –se concluyó- fue por asfixia. Se presume que su ex pareja Christian Benjamín Martínez Castillo es el responsable del hecho. Después del asesinato de Florence, él desapareció y aunque se han efectuado búsquedas, hasta ahora su captura ha sido imposible. Los padres y familia de Florence no desfallecen en la lucha porque se esclarezca el crimen de su hija. Sin embargo, el caso permanece en la impunidad.

Dora Alicia Secaira Medrano (Dorita)
Cuando los bomberos encontraron su cuerpo aún pudieron divisar llamas prendidas dentro de su boquita.  Dora era una niña llena de amor, una niña especial con síndrome Down, su madre la cuidaba y acompañaba todo el tiempo. Siempre con ella, siempre juntas.  Un día, un grupo integrado por tres hombres y dos mujeres, ingresaron a la casa de doña Olivia y don David, ubicada en Palencia, y estando solas Dora y doña Olivia, las asesinaron. Ambas, madre e hija fueron salvajemente golpeadas, violadas, amarradas de pies y manos con alambre.  A la madre, creyéndola muerta la tiraron por un barranco, luego regresaron a matar a la pequeña.  Robaron todas sus pertenencias así como sus animales de crianza, rociaron con cuatro galones de gasolina la humilde vivienda y le prendieron fuego con la niña adentro.  Dora, que tenía solo trece años, murió carbonizada. 
Doña Olivia la sobrevivió.  Ella pudo identificar plenamente a los agresores que eran vecinos de su propia comunidad.  Por este crimen, tres personas fueron condenadas a 50 años de prisión.  A doña Olivia, el dolor le acompañará por siempre.

María de Jesús Velásquez Jacinto
Personificada por un uniforme azul intenso, María de Jesús trabajaba como agente de la Policía Nacional Civil en la sección antimaras del DINC, en la colonia El Maestro. Era una mujer valiente, había superado un sin fin de dificultades dentro de la institución policial, sexismo, prepotencia, acoso, abuso de autoridad.  María de Jesús en realidad quería ser policía y libraba grandes batallas en busca de su sueño.  Tenía una hija, a quien su pareja reconoció como propia tras dos años de convivencia. Una mañana, Erica, madre de María de Jesús, habló con su hija, quien le comentó había discutido fuertemente con su compañero de vida. Más tarde, ese mismo día, Erica recibió la llamada del jefe policial para informar que su hija había sido asesinada.
Ese día, María de Jesús viajaba acompañada de dos compañeros agentes policiales, en un pickup de la Policía Nacional Civil. Inesperadamente y sin ninguna razón, fue herida por un arma de fuego y trasladada al hospital San Juan de Dios donde en cuestión de minutos murió.  No se dio ninguna explicación sobre su muerte.  El principal sospechoso fue Edgar Benjamín Quiñones Sánchez, conviviente de María de Jesús y ex agente de la Policía Nacional Civil.  El caso quedó en la impunidad.

Andy Brizeida (10), Marbella del Rosario Raymundo Franco (6),  Carmen Virginia Tuez Franco (35) , madre de las niñas y  Silvia Matilde Gaitán Franco (22) tía de las niñas.
La familia Franco era una familia constituida por mujeres. Mujeres trabajadoras, mujeres guerreras. Carmen Virginia se dedicaba a la venta de comida callejera y así mantenía a sus dos hijas pequeñas, Andy Brizeida de 10 años y Marbella del Rosario de 6. La noche del 15 y madrugada del 16 de enero 2013, aparecieron muertas, los cuerpos de las cuatro fueron localizados en diferentes zonas de la ciudad. Una en la zona 9, otras entre las zonas 11 y 13. Las cuatro fueron violadas, las cuatro fueron amarradas con la misma cinta de aislar. Las dos menores murieron estranguladas, las dos adultas fueron brutalmente golpeadas y asesinadas a tiros. Cuando las encontraron, las pequeñas estaban en pijama. Andy Brizeida vestía una pijama rosada y blusa verde limón con dibujos y en la mano derecha llevaba un rosario de plástico. Ambas tenían señales de violencia en el cuello.  Las víctimas, Carmen Virginia, Andy Brizeida, Marbella del Rosario y Silvia Matilde vivían en una casa en la colonia Quinta Samayoa de la zona 7 capitalina donde alquilaban un humilde cuarto. En la misma casa vivían sus agresores. Estos se dedicaban a actividades ilícitas y al verse descubiertos por las mujeres decidieron matarlas.
En noviembre 2013 el Tribunal de Femicidio de Guatemala sentenció a tres individuos por femicidio y violación con agravación de la pena y dejó a uno en libertad. Durante el transcurso del juicio se demostró la falsedad de esta hipótesis. El móvil del crimen fue el odio, la misoginia. Este caso, el hecho de haber dejado a un asesino libre y el manejo de los medios, demostró una vez más el profundo prejuicio y desprecio que se tiene sobre la vida de las mujeres en Guatemala.

Sandra Culajay Tuquer
Sandra tenía solo 19 años, era respetada y querida en su comunidad, San Pedro Sacatepéquez, del cual había sido reina de belleza.  Sandra trabajaba en una maquila, allí conoció a su agresor con quien mantenía una relación sentimental. 
Un día de agosto, esta persona invitó a salir a Sandra, al llamarla por teléfono le dijo que le tenía preparada una sorpresa. Su madre recuerda todo con detalle y la ilusión con la que su hija salió aquel día.  El llevó a Sandra a la ciudad capital y le dio a ingerir bebidas alcohólicas. Ya  en el camino de regreso, la llevó a un terreno baldío en donde la agredió sexualmente para luego matarla.  La atacó con un arma blanca sin filo, le ocasionó múltiples heridas y le provocó la muerte.  Su cuerpo fue encontrado dentro de una zanja, con el cuello atado con su propia faja, semidesnuda, con el cuerpo cubierto de hojas.  El dinero que Sandra había ganado ese día como pago mensual de su trabajo en la maquila y su traje típico le fueron robados.
Cuando los padres de Sandra empezaron a investigar la desaparición de su hija, el agresor pretendió no haberla visto desde hacía dos meses. Después de un largo y entrampado proceso, este caso permanece a la espera de un nuevo debate que confirme la pena de 35 años para el asesino de Sandra Culajay Tuquer.

Velvet Medelli Ortega Castillo
Velvet tenía una vida plena, ocupada, feliz, con apenas 25 años se le presentaba un buen futuro por delante.  Tenía una niña de tres años a la que criaba con gran amor, se había recibido de secretaria y manejaba ahora su propio negocio, estaba casada y era una excelente basquetbolista dentro de un equipo que ahora lleva su nombre. Un día, sin embargo, fue asesinada.
Velvet tenía una tienda de video juegos cerca de donde vivía, dos semanas antes de su asesinato, unos mareros llegaron al negocio y la asaltaron, robaron mil quetzales y su celular.  Velvet reconoció a uno de sus atacantes, lo denunció y la policía lo detuvo.  A petición de la mamá del detenido, Velvet retiró la denuncia, pero la señora le advirtió que las cosas no iban a quedarse así.  A pesar de retirar la denuncia, a los pocos días, Velvet murió. Una mañana, cinco hombres llegaron a su negocio y la masacraron.  Entre los cinco estaba el detenido.  Según testigos, previo a matarla, la violaron.  La muerte de Velvet Medelli quedó en la impunidad. Su familia, debido a las constantes amenazas por parte de pandilleros, tuvo que abandonar el negocio y su hogar.

Flor de María Cristina González Arreola
Era estudiante de diseño gráfico en la universidad de San Carlos de Guatemala, tenía 19 años y era una mujer joven, feliz, sin ningún problema, ningún enemigo, ninguna razón para desaparecer.  Flor de María, por el contrario, tenía un montón de planes, un montón de metas. Soñaba con un futuro, terminar su carrera, crecer en su vida. A pesar de sus sueños, el día 27 de julio del año 2005 fue secuestrada y asesinada.  Su cuerpo sin vida fue encontrado el día siguiente, con tres impactos de bala.
La investigación nunca llevó a ninguna pista. Nunca hubo ninguna hipótesis de su muerte. Su familia nunca encontró una razón, una justificación que les llevara a la verdad. La muerte de Flor de María quedó en la impunidad. 

Kenia Beatriz Cordon Villeda
El cuerpo de Kenia ingresó a un hospital por un supuesto accidente automovilístico y murió poco después. Su madre, quien recibió la noticia por teléfono, siempre supo que no lo fue.
Kenia Beatriz Cordón Villeda, de 20 años, era víctima de violencia intrafamiliar. Había ya denunciado a su esposo pero éste tenía suficientes influencias para evadir a la justicia.  Kenia no logró escapar.  Kenia falleció un domingo, en el cuarto de un hospital, como consecuencia de múltiples heridas. Según los médicos forenses Kenia había sido agredida con los puños, punta de pies y botellas de vidrio.  Según el informe Kenia perdió más de dos litros de sangre.  Su madre, siempre supo que no fue un accidente.

Karen Lissette Fuentes
Cuatro balas atravesaron su cuerpo. Karen Lissette fue asesinada frente a los ojos de su propia madre, sus hermanos, sus amigos, su comunidad. Karen Lissette tenía solo 17 años, una familia unida, amigos y los estudios a los que se dedicaba todo el tiempo. Tenía una vida por delante sin embargo, esa tarde de feria, en medio de los juegos mecánicos y el algodón de azúcar, fue asesinada.
La familia nunca supo los motivos del asesinato de su hija. El agresor, un pandillero apodado El Nan, amenazó posteriormente a la madre, por lo que toda la familia tuvo que abandonar su hogar. El caso quedó en la impunidad.

Mindy Rodas Donis 
Quería vivir. La mayoría del tiempo, entre la desesperación y la esperanza, ella expresaba que quería estar viva. A pesar de que le hubieran arrancado la posibilidad de sonreír, a pesar del dolor que sentía al no poder verse en el espejo, las notas y dibujos que Mindy dejó como rastro de sus terapias de recuperación hablan de su de deseo de vivir. Tenía un hijo, escribía, y eso la mantenía con fuerza. No podía comer, hablar, respirar con facilidad. Su boca y nariz habían sido arrancadas con un cuchillo por su esposo. Un día, él la llevó a un río, le arrancó el rostro y dejó su cuerpo desnudo pensándola muerta y que nadie la podría identificar. Ella sobrevivió. 
Mindy Rodas Donis lo denunció y él estuvo detenido por un breve período hasta que un juez lo dejó libre al considerar la terrible agresión como lesiones menores. Mindy tuvo miedo pero no desfalleció, con el apoyo de Fundación Sobrevivientes continuó con el proceso. En ese mismo período, Mindy inició sus terapias de rehabilitación y realizó los primeros viajes a México para reconstruir su rostro. Un año y medio después del ataque sufrido, cuando Mindy pensaba que toda la pesadilla quedaría atrás y con la oportunidad de poder viajar a España con su hijo, para empezar una nueva vida, Mindy fue asesinada. Apareció sin vida cerca del Cerrito del Carmen en la Ciudad de Guatemala con señales de violencia sexual y tortura. Su cuerpo, no identificado, fue enterrado inicialmente en el cementerio La Verbena como XX. Después de una intensa búsqueda su madre adoptiva la reconoció en las fotos de la morgue. Esta vez, Mindy, no sobrevivió
Fundación Sobrevivientes a cargo del proceso contra Esteban López Bran, logró, un año después, una condena por 50 años inconmutables de prisión por femicidio en grado de tentativa. Aunque existía la hipótesis de que él mismo habría mandado a matarla, el asesinato de Mindy quedó en la impunidad.


El proyecto se realizó  gracias al apoyo de Fundación Sobreviviente y de los familiares de estas mujeres que soportan la pérdida con fortaleza y no desfallecen en la búsqueda de justicia.

Producción Carlos Bernardo Euler Coy y Mishad Orlandini
Prensa Lucía Escobar
Fotografías Ameno Córdoba
Vídeo José Juárez